[Artículo publicado el 4/08/2021 en el Indicador d’Economia]

Entre contagios, incendios y deportes ha habido una noticia que ha pasado desapercibida, por debajo del radar. Por primera vez (en España) Internet ha superado en audiencia a la televisión. Ya está, ya pasó. Se veía de lejos, hace años que tenía que pasar y ya lo tenemos aquí.

Internet tiene una penetración en la población ya del 84%, por encima de la televisión. Por supuesto aún más atrás queda la publicidad exterior, las revistas, las radios, la prensa (ay, la prensa) o el cine. Es decir, hay más personas que tienen acceso a Internet que cualquier otro medio.

No es sólo el cambio que ha provocado, sino la velocidad del mismo. Mientras la televisión necesitó 13 años para alcanzar 50 millones de hogares Internet lo consiguió en 3 años. Pero es que Facebook lo hizo en tan sólo un año y Twitter en 9 meses. Se cree que en el mundo hay más de 400 millones de blogs activos, la gran mayoría de ellos páginas personales. La Wikipedia, lo que muchos consultamos continuamente, acumula más de 6.000.000 de entradas, un número 50 veces superior a la reconocida Encyclopedia Britannica. Whatsapp, una de las plataformas más intrusivas que hemos inventado, envía cada día más de 100.000.000.000 de mensajes, que se dice rápido.

Es una evidencia que ya se vislumbraba en la ola que denominamos 2.0, hace algo más de una década. Aquello, que por momentos parecía una revolución, lo ha cambiado todo. Ha cambiado la forma de comunicarnos y muchísimos detalles de nuestra vida cotidiana. Y ha pasado, entre otras cosas, porque diferentes tecnologías convergieron a la vez. Por ejemplo, la capacidad de almacenar en poco espacio y la velocidad de conexión. ¿Os acordáis de los primeros ipods? ¿Del ADSL y la RDSI? Pues hoy los Airpods, sólo uno de los productos de Apple, ya facturan más que, por ejemplo, empresas como Spotify o Uber. Y se utilizan mayoritariamente para escuchar música en streaming, algo impensable tan sólo hace unos años.

Pero esta ola ya ha pasado y ahora estamos viviendo la resaca. Tan maravillosa como inquietante y llena de riesgos y amenazas. La privacidad, el aislamiento o el acceso a la pornografía deberán estar más presentes en el debate público. Y mucho me temo que como en tantas cosas, vamos tarde para variar.

Y la cosa curiosa es que ahora apenas estamos al inicio de otra ola aún más bestia que ocupará nuestra atención la próxima década. Y es que volvemos a estar ante una tormenta perfecta con una serie de tecnologías que están convergiendo mientras leemos esto. Me refiero, como no, a la inteligencia artificial, la robótica, la Internet de las cosas (IOT) o el Big Data. Parece ciencia ficción, pero no lo es. Muchas de estas tecnologías ya están presentes entre nosotros y ni nos damos cuenta.

Los algoritmos de resultados están llenos, al igual que las recomendaciones personalizadas de según qué plataformas o la capacidad de predecir comportamientos y por tanto rehacer la oferta comercial de forma dinámica y en tiempo real. Cuando le hacemos preguntas a Siri o en Alexa, cuando jugamos a parecer viejos en una aplicación del móvil, los contenidos que nos enseña Facebook, el predictivo de Google o la información que da Google Maps son sólo algunos ejemplos. Y a cada paso que damos las posibilidades se multiplican, como en un juego infinito, una historia abierta con mil finales.

Si miramos lo que ha pasado en los últimos 10 años da un cierto vértigo. Y si os ha parecido que, llegados aquí, el cambio es demasiado rápido, cuidado. Hazte el cinturón porque este bólido solo acaba de poner la primera marcha.

China, con sus 12 súperclústers innovadores, está invirtiendo 378.000 millones en I+D. Biden acaba de poner en marcha un súper plan de 325.000 millones para cambiar la orientación de la economía. Y mientras tanto Europa está entretenida con los fondos Next Generation: 390.000 para subvenciones y 360.000 para préstamos. Quizás es la última oportunidad que tenemos de no perder el tren y la cosa no pinta bien de momento. Entre 2014 y 2020 España sólo aprovechó el 40% de los fondos europeos a los que tenía derecho. Alerta.

Vamos hacia un reinicio radical, que puede ser tan tecnológico como desigual y socialmente injusto. La moneda está en el aire y más vale que cuando caiga lo haga de cara al planeta, porque de lo contrario no quedará nada para gestionar.

Foto destacada de Jose Antonio Gallego Vázquez en Unsplash