Hace poco me llamó Jordi Salvat, periodista colaborador de la revista Viu a Fons, para hacerme una entrevista. La idea era que la revista cumplía diez años (¡¡felicidades!!) y querían hacer una retrospectiva de esta última década. Jordi quería hablar conmigo sobre cómo la tecnología ha (y nos ha) cambiado en todo este tiempo. ¡Y vaya si ha cambiado! ¡Y de qué manera! Así que a raíz de la entrevista y la conversación con él repasamos estos últimos años y también lo que está por llegar.

Me gustaría dejar por escrito aquí algunas ideas que salieron, que para eso uno se monta un blog. No voy a hacer una retrospectiva histórica de lo que ha pasado en los últimos diez años sino a destacar algunos elementos que a mí me parecen centrales. Por supuesto, han pasado muchas otras cosas en todos estos años. Hemos visto una evolución increíble en las consolas de videojuegos, relojes inteligentes, aplicaciones de citas, coches autónomos y montones de cosas más. Te invito a que dejes tu comentario con aquello de lo que me puedo haber olvidado y, por supuesto, de tus opiniones. Al lío.

Redes sociales
Creo que no puedo empezar por otra cosa.
Si nos ubicamos por un momento en 2009 y los años inmediatamente siguientes lo recuerdo como un año de tremenda atención hacia las redes sociales. La universalización del acceso móvil a internet y los nuevos Smartphones (Apple andaba por el 3G y Blackberry arrasaba) fueron un caldo de cultivo excelente para lo que fue una auténtica explosión. De pronto descubrimos que el mundo se podía encoger, ya podíamos conectarnos con prácticamente cualquier persona. Que los ciudadanos de a pie podíamos hablar de tú a tú con las marcas. Y con los políticos. Y con los gobiernos. Incluso con el presidente de los Estados Unidos. Y que nos podíamos organizar en plataformas de consumo. Y de opinión. Y de información. Y, por supuesto, de relación. Publicar un blog se convirtió en algo sencillísimo, Blogger o WordPress crecían y crecían. Bueno, todo aquello fue una bomba. Nos parecía que se abría un mundo de posibilidades y vivíamos con la sensación de que nada volvería a ser igual ya. Y desde luego que nada ha sido igual. Las redes sociales nos han abierto una gigante ventana de ida y vuelta al mundo. Yo defiendo todavía que no nos aíslan, sino que nos conectan más. Ahora es muchísimo más sencillo mantener el contacto con personas que ya no tienes cerca en tu día a día. Ya sé que antes podías llamar o enviar una carta o quedar. Pero, seamos sinceros, la realidad es que no lo hacíamos tanto como quisiéramos pensar.

Desgraciadamente diez años más tarde toda esa ilusión se ha vuelto una realidad bastante más sombría. Facebook es un monstruo difícilmente controlable, Twitter un fango de insultos que necesita cambiar urgentemente y los grupos de Linkedin un tarjetero virtual que todavía debe encontrar su camino. Incluso Instagram ha retirado los likes, esa droga de la satisfacción instantánea que tanto nos ha dado como robado.

Estamos en ese momento de la fiesta en el que las luces ya se han encendido, suena esa canción de cierre y los últimos se resisten a marchar.

Pero ahora ya sabemos que no es que no respeten nuestra privacidad, es que trapichean con nuestros datos de la forma más sucia posible. Que no hacen nada o casi nada por luchar contra las fake news. Que hay gobiernos que tienen puertas de atrás a las redes o directamente un bloqueo total. Que ya no hay conversación, el debate cada vez es más duro y difícil.

Vale, quizá me he pasado. Si sabes utilizar bien determinadas herramientas todavía puedes moverte por ahí sin ensuciarte. Pero cada vez es más difícil. El juguete está estropeado. Todavía estamos a tiempo de no fastidiarlo del todo, pero empiezan a quedar pocas oportunidades.

Los mensajes
Ya sé que los ortodoxos me dirán que Whatsapp o Telegram o Line son redes sociales, pero me parece más conveniente comentarlas aparte. Si tienes 20 años esto te parecerá una barbaridad, pero en 2009 todavía comprábamos SMS. Así que imagina lo que fue la llegada de estas aplicaciones a nuestras vidas. Video killed the radio star. O lo que es lo mismo, adiós SMS. Una auténtica revolución en las comunicaciones. Ya no es que nos pudiésemos enviar mensajes de texto, es que ahora muchas conversaciones de teléfono se convierten en hilos de Whatsapp con audios, vídeos y fotos incluidas. ¿Y qué decir de los temidos grupos? Nuestra familia, nuestros amigos, los compañeros de trabajo, los clientes…todos ellos envían mensajes a docenas todos los días. Seguro que como yo hay días en los que te sientes abrumado por la cantidad de mensajes que recibes. Estas aplicaciones son geniales, pero creo que estamos abusando de ellas. Una vez más debemos ajustar nuestra dieta digital y aprender a gestionar todo ese volumen de información que nos llega para no vivir en la saturación continua.

El consumo de contenidos audiovisuales
La televisión analógica ya es historia. Ahora tenemos acceso 24×7 vía streaming a una impresionante oferta de contenidos bajo demanda. Eso por no hablar de las series, películas, documentales, canales de youtubers o podcasts, por dar algunos ejemplos. Hemos dado un salto cuántico desde la televisión de dos canales a lo que tenemos ahora. Antes el aparato de la televisión era la ventana por donde las familias se informaban y formaban opinión. Ahora ya es lo más normal tener la tele encendida de fondo y uno con un móvil, el otro con otro móvil y la otra con la Tablet. Las audiencias no se han fragmentado, están hechas picadillo. Esto no es multicanal ni omnicanal, esto es tutticanal.

Pero atentos porque el 5G le va a dar un meneo a este sector en pocos años que lo dejará como un calcetín vuelto del revés. Las compañías telefónicas hace tiempo que se están preparando, ya no nos venden llamadas. Nos venden paquetes de contenidos. Y saben perfectamente que con el 5G universalizado podrán enviarnos en tiempo real cantidades de información mucho mayores con lo que se dispararán las opciones y la calidad de las mismas. Viviremos sin lugar a dudas una auténtica revolución de contenidos de la mano de la realidad aumentada y la realidad virtual. Nuevos modelos de negocio, nuevos productos y también, cómo no, nuevos dispositivos.

El e-commerce
El comercio electrónico todavía era una aventura en 2009. Ahora ya supone el 30% de ingresos de los grandes distribuidores y un 13% del comercio minorista. Y cada año crece a un ritmo brutal, restando cuota de mercado a cada paso al comercio digamos tradicional. Pregúntate, hace diez años ¿conocías el Black Friday o el Cyber Monday? ¿Tenías cuenta en Paypal? De hecho, ¿habías comprado algo a Amazon? ¿O a Aliexpress? Comprar por internet ya es un hábito para muchos de nosotros. Por supuesto es una amenaza para las ciudades tal y como las conocemos y tal y como nos gustan. Algunos comercios físicos todavía luchan con uñas y dientes con todo tipo de estrategias. Y a algunos les funciona. Algunos son ya Brick&Mortar puros. Algunos dinamizan la tienda como no lo habían hecho antes. Otros se especializan todavía más.

Pero la realidad es que muchísimos otros han echado el cierre o están pensando en hacerlo. Y no sólo por el comercio electrónico. En mi humilde opinión pocas cosas se explican por un solo factor. Todos hemos cambiado en estos últimos diez años. No se trata sólo de vender por internet, sino de incorporar las tecnologías con naturalidad, de transformarse digitalmente. Los clientes ya no somos como antes, utilizamos nuevas herramientas de comunicación y organización así que el que no esté dispuesto a cambiar debería ir pensando en buscar clientes que tampoco lo estén o a ir perdiendo los actuales progresivamente.

La uberización de los mercados
En los últimos años hemos asistido al auge de Uber y con ello la adaptación del modelo a todo tipo de actividades. La idea es simple pero efectiva. Una plataforma de prestación de servicios de forma directa entre iguales a cambio de servicios de intermediación y administración. Se puede aplicar al taxi o al alquiler de apartamentos. Pero por el camino van quedando algunos cadáveres, como la gentrificación de los centros históricos, el fin del sistema de licencias de taxi o la precarización de contratos en Glovo. Esto no es economía colaborativa, aunque nos lo repitan muchas veces. Economía colaborativa es otra cosa, a cada uno lo suyo.

Pero aún así han venido para quedarse, eso es un hecho. Aunque la administración pública regule (que lo debe hacer) y los jueces dicten sentencias no podemos ponernos una venda en los ojos. Estas empresas aprovechan la tecnología para cambiar el orden del mercado. Y el mundo es cada vez más pequeño y gira cada vez más rápido. Pretender que va a dejar de hacerlo es más propio de dinosaurios.

La velocidad
Para mí, es uno de los cambios más bestias que hemos vivido y mucha parte de responsabilidad se lo adjudico a la tecnología. Vivimos una era de absoluta inmediatez. Ya no vale apenas enviar un correo electrónico y esperar respuesta. Ahora lo suyo es enviar un mensaje y ver si hay la verificación de lectura. Publicar una foto y ver inmediatamente si tiene likes. Escribir una publicación y ver si alguien comenta. Hacer una encuesta y ver las respuestas en directo. Todo ello y algunos factores más (la precarización laboral y las sobrecargas también tienen algo que decir me temo) nos han llevado a una forma de vida acelerada, más superficial y en general peor vivida. La generación anterior a la nuestra trabajó mucho y duro. Nosotros hemos tenido de todo y mucho. Sin embargo, da la impresión que nos hemos procurado una forma de vida nada saludable ni sostenible.

La caja de herramientas
Los que vienen a mis cursos ya lo saben porque lo repito mucho. Si eres carpintero o mecánico deberás conocer al detalle cada una de las herramientas que vas a utilizar. Saber cómo utilizar esta o aquella máquina será algo elemental en tu trabajo.

Pero nosotros, los trabajadores del conocimiento, nos empeñamos en trabajar con proyectos, tareas, equipos, vencimientos y recursos con una mano delante y otra detrás. O sea, a golpe de Whatsapp, de reunión eterna para actualizar información o de cadenas infumables de correos electrónicos. Y si una cosa nos ha traído esta década es una auténtica lluvia de herramientas para hacernos la vida mejor. Es primordial introducir en la educación digital más elemental (no me preguntéis por dónde debe empezar porque ya sabéis la respuesta) todo tipo de herramientas de organización, planificación, comunicación y creación de contenidos. Eso, o moriremos ahogados en un mar de mensajes.

Nuevos modelos de negocio
Si una cosa hemos visto en estos últimos años es cómo la tecnología impactaba una y otra vez en todo tipo de mercados. Ahora no te acuerdas, pero antes comprabas CDs. Y antes, vinilos. Tal vez tengas un Kindle en la mochila. Lo que antes era Blockbuster ahora es Netflix o HBO. ¿Recuerdas cuánto hace que no entras en una agencia de viajes a reservar tus vacaciones? ¿Recuerdas cuando usábamos carretes de Kodak para hacer fotos?

La tecnología a veces sólo trae más eficiencia, pero otras muchas trae disrupción, un vuelco en el mercado. Y cuando eso sucede acostumbra a hacerlo rápido. En la segunda parte de esta última década estamos viendo una auténtica aceleración de los cambios. Y es que ahora estamos asistiendo a la convergencia de unas cuantas tecnologías que todavía cambiarán más nuestro mundo en la siguiente década. Me refiero a tecnologías como IoT, Big Data, Blockchain, AR, VR, nanotecnología, biotecnología o robótica. Ni me imagino lo que puede pasar en los próximos cinco años. Sin duda se van a generar muchísimas nuevas oportunidades de emprendimiento y de generación de ocupación de valor añadido. Nuevas propuestas de valor, nuevos modelos de negocio. Pero también veremos un mundo que hemos conocido durante décadas verse obligado a cambiar a toda la velocidad. La capacidad de innovar en un mundo cambiante y de adaptarse a todo lo que viene con suficiente agilidad será clave para poder sobrevivir

Ahora, déjame preguntarte. Para ti, ¿qué es lo más importante que ha pasado en estos últimos diez años?

Foto destacada: Alex Night en Unsplash