[Artículo publicado el 12/8/20 en el Indicador de Economia]

Hace unas semanas que una gran consultora belga, Board of Innovation, creó un nuevo término (Low Touch Economy) que define, sobre todo, los cambios de comportamiento que estamos teniendo los ciudadanos y que tendrán obviamente un impacto directo en cómo hacemos negocios. Esta nueva economía está definida por la reducción de interacciones físicas, los nuevos tipos de consumo y los cambios constantes. Lo que se podría ver como una catástrofe también ofrece nuevas oportunidades para la innovación y las estrategias a corto y medio plazo. Según un estudio de la misma consultora, un 15% de las empresas está creciendo y con resultados positivos. Muchas de estas son empresas que pertenecen a este (último) nuevo anglicismo: la Low Touch Economy.

Nadie sabe muy bien cómo será la recuperación ni cuánto durará pero sí sabemos que hay que prepararse para un período de entre uno y dos años en el que debemos saber adaptar los negocios a la COVID19 y todos los retos que ha traído la pandemia. Esto en el mejor de los casos. En el peor escenario hay que prepararse para un período bastante más largo en el que las limitaciones y restricciones de distancia estén presentes en nuestra vida diaria con todo lo que ello implica.

Todas las empresas están obligadas a cambiar los procesos de producción, soporte y prestación de los servicios para dar cumplimiento a la normativa y proteger la seguridad de trabajadores y clientes. Sin embargo, añadir limitaciones a las actividades existentes no genera nuevos ingresos sino que mantiene los anteriores, al nivel que sea. En cambio algunas empresas se están poniendo las pilas y deprisa, no sólo adaptándose a estos cambios imponiendo las oportunas restricciones sino identificando nuevas oportunidades.

Algunos hoteles en la región turca de Çeşme están ofreciendo zonas aisladas y seguras para pasar una cuarentena con garantías. Milán, y muchas otras ciudades, están abriendo muchos más carriles para bicicletas. En La Haya recientemente han abierto un nuevo aparcamiento para más de 8.000 bicicletas. La compañía Rombo ha creado unos brazaletes que ayudan a mantener las distancias en entornos de trabajo. Los primeros bodas para Zoom ya se han producido. La última superproducción con Tom Hanks sobre la segunda guerra mundial, Greyhound, se estrena por streaming en Apple TV. Twitter ya ha anunciado que todos sus empleados pueden seguir trabajando desde casa, para siempre. Peloton ya tiene casi un millón de suscriptores que, desde casa, hacen fitness con sus aparatos, aplicaciones y ejercicios monitorizados. La cadena Panera Bread, con 2.000 puntos de venta en los EE.UU., está haciendo entregas a la entrada de los establecimientos (Curb-side pickup) y entregas a domicilio en una hora. Go Instore ofrece soluciones tecnológicas para acercar la tienda al cliente con vídeo y audio.

Y podríamos seguir con 1.000 ejemplos más. Uno de los pocos beneficios que nos ha dejado la pandemia es que las curvas de adopción de nuevas tecnologías se están allanando. Ahora más que nunca es más sencillo introducir cambios tecnológicos en la prestación de los servicios en un cliente que está más receptivo. Sin duda se abren nuevos escenarios que algunos sabrán aprovechar para crear su futuro.

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