Lo que nos puede enseñar un agricultor chino

Lo que nos puede enseñar un agricultor chino

[Artículo publicado el 19/05/20 en Indicador de Economia]

Situémonos a principios de febrero. China está en plena pandemia y algunas provincias con fuertes restricciones de movilidad y distanciamiento. En un directo a través de la red del alcalde de Sanya, una turística población de la china isla de Hainan, sale a promocionar los apreciados mangos de Jinhuang en directo desde una granja. ¿El resultado? 30.000 kg. de mangos vendidos en sólo dos minutos.

China, ya en el ojo del huracán en ese momento, tenía muchos de los centros de distribución de fruta y verdura cerrados. Parados completamente. Millones de toneladas de mercancía a punto de echarse a perder en almacenes repartidos por todo el país. Miles de productores abocados al desastre económico. Los agricultores se ven obligados a buscarse la vida para salir adelante, ¿os resulta familiar?

En febrero Alibaba, el gigante asiático de comercio electrónico, cedió a los agricultores gratuitamente su canal en la plataforma Taobao para ayudarles en un momento tan difícil. Esto les permitió emitir en directo para presentar y promover sus productos. En vídeo, nada complicadas y obsoletas páginas web, interminables formularios ni saltos al vacío para pagar. Hablando a cámara con sus móviles, poniendo toda la pasión de quién sabe que lo que hace tiene valor y vale la pena. Sólo en los tres primeros días ya se vendieron más de 15 millones de kg. de frutas y verduras directos a cliente final.

No es una seta perdida en medio del bosque, es una iniciativa que forma parte de su programa Freshippo: hasta 6 formatos diferentes de tienda con una estrategia clara de mobile first y entregas rápidas en 30 minutos. Ya han abierto más de 200 con espacios de 4.000 m2 que incluyen terminales de pago sin personas, cintas transportadoras, compra directa desde una aplicación o taquillas automatizadas y climatizadas.

La idea clave es que agricultores y consumidores en China ya habían adoptado el livestreaming, retransmisiones en directo, como vehículo para vender mucho antes del virus. Plataformas como Taobao tienen millones de seguidores que entran a mirar los directos de todo tipo de productores y de una forma muy sencilla e intuitiva hacer sus compras directamente. Para que os hagáis una idea aproximada vendría a ser algo así como los directos de Instagram mezclados con Amazon. Tú puedes hablar directamente con el productor que hace la emisión, hacerle preguntas o plantear dudas y pagar directamente tu pedido. La plataforma ya conoce su dirección y medio de pago, no hace falta complicarlo más. De productor a consumidor final. Rápido y fácil.

Para San Valentín los de Taobao organizaron un concierto benéfico con más de 20 artistas y celebridades actuando desde su casa. Consiguieron una audiencia de más de 4 millones de personas con unas ventas de 380.000 kg de frutas y verduras.

Ya en 2017 Xinda Zhan (Pearl Bro en la red) revolucionó el sector de la venta de perlas subastando en directo las ostras antes de abrirlas. Zhan, hijo de una humilde familia de productores de ostras, en darse cuenta del bajo margen que dejaban los precios fijados por los distribuidores empezó ahacer las ventas emitiendo directamente desde su móvil. Y así lo hace, conectándose en directo con su madre para mostrar las ostras una por una y poniéndolas a la venta en tiempo real. Los usuarios, que no saben todavía cuántas perlas hay dentro cada ostra, van comprando en un formato que se parece a nuestra tradicional subasta de pescado. El resultado es espectacular: más de 4 millones de dólares en medio año multiplicando por 6 los resultados anuales del negocio familiar.

Estos son sólo algunos de los miles de ejemplos que estamos observando en todo el mundo sobre cómo la tecnología puede transformar un sector entero. Llegando a nuevos mercados, creando nuevos productos y servicios o modificando completamente la propuesta de valor. La pandemia ha cogido por sorpresa a todo el mundo y ha acelerado procesos que hubieran durado años. No es cierto que una crisis sea una oportunidad, pero sí lo es que en una crisis también hay oportunidades. Parece lo mismo, pero no es igual.
El número de oportunidades que tendrán en un futuro nuestras empresas será directamente proporcional al espacio que ocupe en la agenda diaria mirar mucho más allá.

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La transformación que tenía que llegar

La transformación que tenía que llegar

[Artículo publicado el 24/04/20 en Indicador de Economia]

Ya hace unos años que, como dicen los americanos, teníamos un elefante en la sala: la transformación digital. Y, seamos sinceros, no hemos hecho los deberes. Nada que no sepamos, que no nos hubieran avisado. Unos y otros nos hablan de la transformación por aquí, la transformación por allí. Y a veces da la sensación de que nadie sabe muy bien de qué se habla cuando se habla de transformación digital. Que si esto, que si aquello.

Y es que se confunde digitalizarse con transformarse digitalmente. Puede parecer lo mismo pero no es igual. Cambiar el ERP o incorporar un CRM no es transformarse digitalmente. Trabajar sin papeles tampoco es transformarse digitalmente. Hagámoslo, porque tenemos niveles de productividad demasiado bajos. Todo esto es genial pero pertenece al terreno de la eficiencia, de la digitalización de los procesos. Pero no al de la transformación digital.

Para mí la transformación digital impacta en la empresa, sobre todo, de tres formas posibles: en mejorar como se entrega valor al cliente, en las oportunidades de crear nuevos productos / servicios o en la identificación de nuevas oportunidades para generar ingresos. Lisa y llanamente.

Y, desde luego, una vez hecho este análisis habrá un impacto altísimo en los procesos y sobre todo en las personas. Como en todo cambio. Transformarse digitalmente también pide incorporar nuevas formas de relación y cooperación en las empresas. Nuevos estilos de liderazgo, más impulsores que controladores. Más inspiradores que dictadores. Más democracia que jerarquía. No por capricho, no por buenismo. Hagámoslo porque en esta nueva era que se vislumbra es necesario contar con todo el talento de que seamos capaces. Y para poder lucir mejor el talento no quiere ser mandado, quiere ser inspirado. El líder que está pendiente del último detalle y no deja aire para respirar no tiene cabida en una organización más descentralizada, que trabaja de forma asíncrona y que tiene que cambiar de forma ágil a cada paso.

Porque esto también va de agilidad. De ser hábiles para llevar innovaciones al mercado lo más rápido posible. Y lo más rápido posible aprender de los errores. Y rectificar, y volver a insistir enseguida.
Tengamos pues organizaciones ágiles, rápidas. Mejor hecho que perfecto. No nos podemos permitir ya pasar años distraídos de charla en charla pensando que sí, que esto es muy interesante y que ya veremos. Ahora sí que ya no hay tiempo. La economía ha entrado en pausa y nadie sabe bien cómo quedará de afectada. Los clientes de nuevo han cambiado y lo están haciendo en unas circunstancias muy especiales y difíciles. Cuanto más rápidamente sepamos ir reaccionando mejor nos irá.

Hemos perdido unos años muy valiosos en los que no hemos hecho los deberes, pensando que esto llegaría algún día y que tendríamos tiempo de adaptarnos. Y, mira tú por dónde, ha venido un virus a revolverlo todo. Ahora necesitaremos ir mucho más allá y con cierta urgencia.

Sin embargo la transformación digital puede ser todavía una oportunidad para muchas empresas, especialmente aquellas menos impactadas por el efecto del COVIDIEN-19. La transformación digital no es una varita mágica para solucionar los problemas de cualquiera. Los negocios que tengan una alta dependencia de la presencialidad en la entrega de sus productos / servicios seguramente son los que más van a sufrir a corto plazo. Pero sí es una alternativa para tener un modelo industrial moderno, ágil y competitivo en una economía llena de incertidumbres.

De las crisis no necesariamente salen oportunidades pero sí son un buen momento para repensarlo todo. Todo.

Y puestos a repensar, pongamos la mirada en 2030, no en 2010.

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