Nuevo e-book: 10 estrategias para innovar en tu negocio

Nuevo e-book: 10 estrategias para innovar en tu negocio

Hacía ya algún tiempo que venía recopilando ejemplos y casos de empresas que por su estrategia, su modelo de ingresos o de negocio me llamaban la atención. Habitualmente recopilo este tipo de información en Evernote, como jardín de ideas o como herramienta de consulta para más adelante. El caso es que es archivo ha ido engordando hasta incluir un montón de ejemplos. Tantos que he decidido organizarlos en forma de categorías y compartirlo con todos vosotros.

Del resultado ha salido un e-book al que he titulado «10 Estrategias para innovar en tu negocio«. Allí encontrarás prácticamente 50 páginas con 10 tipos de innovación que tal vez puedan ser un revulsivo para tu proyecto o servirte de inspiración para algo nuevo. Eso ya depende de ti. Pero además en todos los capítulos he incluido un buen puñado de enlaces a artículos en profundidad, casos, ejemplos y empresas que seguro pueden disparar tu creatividad.

Índice de contenidos

  • Data Driven
  • Freemium
  • PaaS, de producto a servicio
  • Pago por uso
  • Pay what you want
  • Peer to peer
  • Anzuelo
  • Subscripciones
  • Blockchain
  • Hibridación
Nueva sección en el blog: Recursos

Nueva sección en el blog: Recursos

Yo soy de los que todavía lee en papel. Tengo un kindle que llevo casi siempre encima bien cargado pero lo cierto es que me resulta mucho más cómodo todavía leer en papel. Sobre el papel anoto ideas, subrayo o pongo post-it’s. Eso con los interesantes, con los que me resultan aburridos o que no me traen nada nuevo he aprendido a dejarlos de lado, sin acabar. Esto antes me costaba un montón, era incapaz de abandonar un libro a medias. Debe ser por la edad pero ahora los dejo sin ningún remordimiento.

A menudo en las conversaciones con clientes, alumnos e incluso compañeros acabamos hablando de libros. Los libros han sido siempre una pieza fundamental de mi desarrollo, me encanta leer y disfruto mucho aprendiendo de los mejores. Y como soy algo curioso pues cuando me da por algo leo, leo, leo. De manera que acaba siendo un tema de conversación recurrente y unos a otros nos vamos recomendando libros.

Así que he querido abrir una nueva sección en el blog, Recursos, en la que he preparado algunas listados de libros que me han resultado interesantes en los últimos años. De cada ámbito seguro que encontrarás por ahí docenas de libros interesantes. Unos más que otros, claro. Yo he querido resumirte en estos listados aquellos libros que pueden ser fundamentales o puntos de entrada hacia el tema que tratan. Libros que en algún momento me han ayudado a dar un paso más, a seguir creciendo. Y espero que a ti también te puedan resultar de ayuda.

Seguro que hay más, muchos más, que son interesantes. Así que si echas alguno en falta ¡déjame un mensaje! Estaré encantado de descubrir nuevos libros para mi colección.

Por el momento he preparado estas listas de libros:

Los mejores libros sobre estrategia empresarial para emprendedores

Los mejores libros sobre Productividad y Organización del trabajo

 

Foto de cabecera de Thought Catalog a Unsplash  

 

Facilitador Certificado en el Método Lombard

Facilitador Certificado en el Método Lombard

Hace pocos días he podido completar mi formación como Facilitador Certificado en el Método Lombard del Imagine Creativity Center de la mano de Juan Prego. ¡ Y no puedo estar más contento !

Hacía ya un tiempo que le tenía puesto el ojo a este proceso ya que aplicando metodologías de Design Thinking en proyectos de consultoría con startups me daba cuenta que me faltaba solidez en los métodos y en las herramientas utilizadas. Una startup es una organización muy particular que vive en unas circunstancias muy especiales. Están expuestas a una alta incertidumbre (más que el resto) y se mueven en entornos que cambian a toda velocidad sin un modelo de negocio cerrado y mutando continuamente. Eric Ries las definió así:  “Una startup es una institución humana diseñada para crear un nuevo producto o servicio bajo condiciones de incertidumbre extrema«.

He podido colaborar con diferentes entidades como mentor de emprendedores de los que he podido aprender unas cuantas cosas. La primera es que hay personas que deciden emprender sólo porque tienen la intuición de que tal producto o servicio tiene mercado. Así que lo desarrollan lo mejor que pueden y luego ya veremos cómo se comercializa y de qué manera. Y así no, claro. Algunos en cambio tienen un marco mental 100% entregado a buscar soluciones a problemas o situaciones que a menudo son los primeros en darse cuenta. Para estos últimos los modelos convencionales no sirven, se enfrentan a un reto y quieren solucionarlo de forma original, con una propuesta de valor única y a menudo (ahora viene la palabreja), disruptiva.

El método Lombard

Y aquí es donde el método Lombard encaja como un guante. No parte de un producto o servicio preestablecido sino que se plantea preguntas válidas para solucionar retos. La idea del reto como seguramente ya sabes es central en los procesos basados en Design Thinking. Eso y partir totalmente de un enfoque centrado en el cliente, el usuario de la solución.

El nombre del método ya te puede dar muchas pistas sobre la filosofía del mismo. Está inspirado directamente en la conocidísima calle Lombard de San Francisco. Si como yo no has estado en San Francisco casi da igual, la has visto mil veces en películas de Hollywood. Es esa famosa calle llena de curvas con coches que giran y giran y giran. Esa calle tiene 8 curvas, las curvas que simbolizan el tortuoso camino de esfuerzo que lleva a la innovación disruptiva conducido por la creatividad.

1 calle, 8 curvas, 4 fases.

Lombard Street

Las fases del método Lombard

Esas 4 fases conducen a las soluciones desarrolladas para los retos propuestos. Y bueno, hablar de soluciones es algo prematuro porque el proceso atraviesa cuatro etapas bien diferenciadas. Sobretodo porque, a diferencia de otras visiones sobre Design Thinking, la etapa final es Comunicación. Pero vamos por partes, las cuatro etapas del Método Lombard son:

  • DEFINIR
    En esta primera etapa se trata de identificar los problemas a solucionar, cuál es el enfoque que se va a escoger a la vez que se identifican las diferentes oportunidades que se abren para innovar. Deberemos acabar esta parte con una buena definición del problema a solucionar y cuáles son sus límites.
  • GENERAR VALOR
    Esta sin duda es la etapa más puramente creativa en la que habrá que sacar una enorme cantidad de ideas que permitan generar valor más adelante. Habrá un proceso de decantación para escoger cuáles son las ideas definitivas con las que se va a trabajar la solución.
  • DESARROLLAR
    En este punto desarrollamos un prototipo del producto o servicio, algo así como un Mínimo Producto Viable (¿os suena a algo de Lean Startup?) que permita contrastarlo con usuarios reales y aprender rápido. Acabaremos esta etapa con un prototipo de la solución, algo que nos deje preparar el modelo de negocio.
  • COMUNICAR
    Finalmente preparamos los materiales necesarios para poder presentar nuestro proyecto a potenciales inversores, socios, accionistas o cualquier audiencia que deba validar la propuesta. Después de un importante y estricto proceso de síntesis acabaremos con una presentación de la propuesta. ¡Creatividad al poder!

Me llamó la atención que se dedique toda una fase a la comunicación. Pero una vez experimentado le veo toda la lógica. Para comunicar primero hay que concretar el mensaje, destilar la propuesta de valor, fundamentarla con argumentos y datos, centrar el discurso, ir a la síntesis, negociar con tu equipo y tantas otras cosas antes de exponer nada. Así que, como pasa en tantas otras cosas de esta vida, lo importante es el viaje. En él está la esencia de lo que luego ya podrás comunicar de forma efectiva. Sin embargo, sin pasar por ese proceso de preparación las ideas se pueden quedar en un puro exotismo sin soporte real para su implementación futura.

La Certificación

Debo decir que la Certificación, conducida por Juan Prego, es intensísima y te obliga a exprimirte el cerebro y a trabajar de forma ágil, intensa y exigente. El método Lombard no va de poner cuatro post-it’s en la pared y ya darte por satisfecho con cualquier cosa. Este método sí o sí obliga a conectar en profundidad con el usuario, el problema a resolver y a dar un enfoque creativo y potente a las soluciones.

Estuvimos organizados prácticamente desde el principio en grupos de trabajo al estilo de lo que se hace en un proceso real, trabajando sobre el reto que nosotros mismos pudimos escoger. Los grupos son fijos y ya no son modificados para nada, con los que hayas empezado tienes que acabar. Y durante los días (días, sí) que dura la Certificación convives un montón de horas que, por supuesto, van mucho más allá de los horarios del típico curso.
Porque el error forma parte del proceso. Porque las asunciones son eso, asunciones. Porque los prototipos no salen siempre a la primera. Porque te enamoras de una solución que en realidad es de otro problema. Porque las ideas son solo ideas y hay que aprender a soltarlas. Porque si no escuchas bien al final la respuesta te llega a gritos. Por todo eso y mucho más hay que trabajar y mucho para conseguir una solución disruptiva con una propuesta de valor sólida.

Materiales Lombard

Imagen de algunos de los materiales de la Certificación

 

Foto de Lombard Street de Jon Sullivan en wikimedia

Sobre el conflicto del taxi y las VTC: el coste de los no clientes

Sobre el conflicto del taxi y las VTC: el coste de los no clientes

Mucho se ha dicho y escrito a estas alturas sobre el conflicto entre el sector del Taxi y las VTC pero a mí me gustaría hablar del futuro coste de los no-clientes para el Taxi. No me refiero sólo a los que habitualmente no consumen el servicio sino a los que ya han desconectado emocionalmente del taxi, su modelo de negocio y propuesta de valor.

Me explico.

Cómo consiguen crecer las empresas

Tradicionalmente para crecer y seguir vendiendo las empresas se han fijado en sus clientes actuales y en cómo captar nuevos clientes que se parezcan a los que ya tenían. Y para eso utilizan todo tipo de métodos y herramientas de captación y fidelización. Simplificando el proceso, básicamente consiste en analizar la situación actual de la empresa, definir unos objetivos de mercado y comerciales y desarrollar una estrategia que satisfaga esos intereses. Este tipo de aproximación puede (¡o no!) generar crecimiento a través de como decía la captación y fidelización de clientes pero es bastante improbable que lleve a oportunidades de crecimiento significativas. Así se pueden conseguir incrementos ligeros y difícilmente tendrán lugar propuestas innovadoras y disruptivas. En este contexto, la asunción de riesgos queda limitada al mínimo y se confía el esfuerzo a la presión comercial y de marketing.

Pero en cualquier caso el tamaño de mercado de los clientes que no compran es inmenso, mucho mayor que el mercado actual en la mayoría de los casos. Claro, es evidente que en muchos casos puede suponer una simple elección de segmento de mercado y por tanto de renuncia. Pero cuando una empresa tiene dificultades para alcanzar sus objetivos mi experiencia me dice que no dedica tantos esfuerzos a revisar cuál es su cliente ideal como a presionar con más fuerza a su fuerza comercial. Este nivel de pensamiento lleva a concluir que si no se vende más es cuestión de mejorar los métodos de comercialización.

Es sangrante ver una y otra vez cómo muchas empresas no tienen ni idea de porqué no les compran los que no les compran. Una y otra vez se repite el ciclo descrito creyendo que los cambios en el perfil de cliente y sus intereses serán mínimos, constantes en el tiempo. Pero no. Resulta que por si alguien no se ha dado cuenta todo ha cambiado. Y más que lo va a hacer. Ya no entendemos la vida cotidiana, profesional o no, sin la interacción con la tecnología. No hace falta ser un gran especialista para darse cuenta de cómo nos ha cambiado la forma de consumir productos y servicios plataformas como Airbnb, Booking, Spotify, Whatsapp, Netflix o Amazon por mencionar algunos. ¿Es que alguien piensa que todo volverá a ser como antes?

Y no es un tema sólo de tecnología, que también. No se trata ahora de que los taxis tengan una aplicación tan completa o más como la de Uber. Se trata de que si quieren sobrevivir a los próximos diez o veinte años todo tiene que cambiar, especialmente su modelo de negocio y propuesta de valor. Todos nosotros hemos adoptado nuevas formas de consumo y las hemos acabado incorporando de forma natural ya a nuestro día a día. Hablar de los no-clientes supone averiguar porqué los que podrían comprar no lo hacen, averiguar cuáles son las barreras que se encuentran y los límites que se les está poniendo para que sean clientes.

La propuesta de valor del Taxi y las VTC

Observo con algo de tristeza el conflicto entre taxistas y conductores VTC y echando de menos muchas cosas. La primera la falta de anticipación en las regulaciones del sector. Porque que esto iba a pasar se veía venir desde hace años. Tener un sistema protegido por licencias no es algo que el consumidor acepte ya fácilmente. Y si lo hace es entendiendo que estamos en un mercado libre todos nosotros y por tanto no hay ninguna conveniencia en sobre proteger a nadie de los riesgos de su inversión. O de su especulación. Y que sus reivindicaciones a menudo han sido percibidas por la población casi como un chantaje tampoco es ninguna exageración.

Pero es que lo grave del tema es que en los próximos años todavía van a venir cambios más disruptivos alrededor de la movilidad en las grandes ciudades. Seguro que los coches autónomos van a tardar algo en llegar, pero el car sharing y tantas otras alternativas ya están encima de la mesa. De la misma forma que multitud de industrias han visto como su producto se convertía en servicio va a ser difícil que la idea de propiedad del coche siga igual a como la hemos conocido. Lo hemos visto con los CD, con los libros, con los carretes de fotografía y con tantos otros productos. Se le llama transformación digital y ya está aquí. Así que no tengan los taxistas ninguna duda de que su momento ha llegado, el cliente está preparado para una transformación del servicio. No hablamos sólo de una modernización, de chapa y pintura. Hablamos de una revisión a fondo de cómo pueden seguir siendo relevantes en un contexto de revolución de la movilidad en las grandes ciudades. De cómo nos van a ofrecer soluciones flexibles de movilidad ajustadas a nuestros intereses. Y no de un modelo de negocio caduco que, con adaptaciones, se parece demasiado al de hace décadas.

Los consumidores de servicios no aceptamos más no estar en el centro de la propuesta de valor. En una economía de abundancia de opciones como es la nuestra cualquier otra cosa suena rancia, antigua y traicionera.  Ahora más que nunca las empresas deben esforzarse por comprender en profundidad a sus clientes pero sobretodo a sus no-clientes, aquellos que ahora mismo jamás consumirían sus servicios. Conocer cuáles son sus motivaciones, las barreras que les ponen al consumo, sus necesidades y expectativas y en definitiva todo aquello que les impide ser clientes.

Los que hemos consumido servicios de taxi tradicionales y de VTCs sabemos perfectamente cuáles son las diferencias. Y no son pocas. Ruta conocida previamente, perfil del conductor, configuración del vehículo, coste conocido, geolocalización, pago automático, etc. etc. Eso por no hablar del trato y relación con el cliente. Y si como clientes dejamos de lado el resto de elementos del conflicto lo que vemos al mirar hacia al taxi es a todo un sector que no nos pone en el centro y que no quiere dar el salto que el cliente está pidiendo.

Si el sector del taxi aspira a crecer en el número de clientes que va a tener en el futuro debería enfocarse en analizar cómo va a ser la movilidad en el futuro y cómo adaptarse. No seré yo quién dé o quite razones a unos o a otros porque seguro que de todo un poco hay. Sin embargo, la forma en cómo los taxistas han afrontado el conflicto y en general la falta de reconversión del sector es un auténtico drama. Se condenan la violencia y las agresiones, pero a la vez se habla de la crispación como justificando lo que pasa. Y seguro que pagan justos por pecadores. No se han esforzado en comunicar correctamente sus razones y reivindicaciones. Seguro que fruto de la frustración y razones que no dudo tendrán. Pero en esta era de la comunicación inmediata, ¿en qué cabeza entra las imágenes que nos están regalando estos días? Seamos claros, los taxistas han generado más rechazo que otra cosa.

El número de no-clientes del taxi se ha disparado a raíz del conflicto, crece el número de personas a las que subirse a un taxi le crea rechazo. Hoy hay ya un número incontable de personas que han desconectado emocionalmente de ellos, que ya no se plantearán llamar a un taxi si tienen alternativas. ¿Cuántos no-clientes han creado ellos solos estas últimas semanas?¿Cuál es el coste de no-cliente que están dispuestos y preparados a asumir?

Así que en el futuro se les plantean como mínimo dos problemas muy serios. El primero de ellos, cómo volver a enamorar a los que han desconectado emocionalmente.
Difícil. No imposible, pero difícil.

Y el segundo, y mucho más profundo, ¿hasta cuándo podrán retrasar la transformación necesaria?

 


Foto de Lucas Gallone en Unsplash

Por qué cambiar el entorno para generar nuevas ideas

Por qué cambiar el entorno para generar nuevas ideas

Somos animales de costumbres, tanto que cada mañana repetimos sistemáticamente y de forma muy poco creativa los mismos pasos. Y lo hacemos de una forma tan precisa que parecemos máquinas. Nos despertamos adormecidos, con el sueño a cuestas y repetimos la rutina de cada mañana como implacables robots. Robots que no necesitan pensamiento creativo, generar ideas ni tomar decisiones. Lo único que necesitamos es ponernos en marcha y hacerlo a la hora justa. Y así es como poco a poco nos vamos despertando, activando y preparándonos para lo que vendrá más tarde. Lo podemos hacer gracias a que sabemos con total precisión donde tenemos cada objeto: los zapatos, el despertador, el cepillo de dientes o la tostadora. Casi lo podríamos hacer a oscuras. Sólo hay que aplicar la rutina de cada mañana con precisión y nos acabaremos convirtiendo en alguien presentable.

Y es que la rutina está muy bien, es muy útil. Cuando va acompañada de orden está aliada con la eficiencia. Si tenéis niños ya sabéis que a la mayoría les gusta las rutinas, las siguen y les ayuda a diferenciar lo extraordinario de lo cotidiano. Las rutinas hacen que ellos tengan muy claro cuando un acontecimiento es especial o si por el contrario responde a la normalidad de la vida diaria. Las rutinas o mejor dicho, la ausencia de rutinas, hace que se les despierten todos los sentidos y se pongan en guardia ante lo extraordinario. Hace que abran todos los sentidos al máximo, que hagan nuevas preguntas, nuevos aprendizajes, nuevas construcciones mentales.

Pero, ¿y que pasa con los adultos? ¿Cómo es nuestro día a día profesional?

Cómo son nuestros entornos de trabajo

Bien, amigos míos, que nadie se me enfade pero a menudo las empresas son una máquina de destrucción de creatividad. Maquinarias perfectas para imponer rutinas, horarios, normas, límites, costumbres, hábitos, rigidez y resistencia. Maquinarias implacables para abortar la sorpresa, el aprendizaje. Y todo esto también es muy útil, es lo que permite que muchos procesos funcionen como un reloj. Necesitamos normas y rutinas para poder llevar a cabo nuestra tarea. Las empresas necesitan establecer sistemáticas de trabajo para que las cosas funcionen de forma estandarizada y con un nivel de resultado digamos esperable.

El problema empieza cuando lo que necesitamos no es rutina sino creatividad y liderar el cambio. Cuando, igual que los niños, lo que necesitamos es activar los sentidos y la receptividad. Hacer nuevas conexiones mentales, generar nuevas ideas y cambiar los enfoques. Aquí ya la cosa cambia, ¿cómo lo hacemos pasar por el filtro de nuestras rutinas? Igual que los niños nuestros equipos de trabajo también necesitan rutinas, sí. Pero también es crítico mezclar la rutina y lo esperable con estímulos que despierten los sentidos y nos activen las neuronas.

A ver, de los que estáis leyendo esto; cuántos habéis estado alguna vez en una sala de reuniones amueblada en tonos grises con un cañón proyector, un rotafolio, una pantalla y/o una pizarra?
Seguro que muchos habéis asistido a la típica reunión para sacar ideas en la cual los participantes se miran las caras y la libreta en blanco esperando que se haga la hora. Y seguro que muchos habéis tenido ideas mientras practicabais deporte o hacíais cualquier otro actividad nada relacionada con vuestro trabajo.
Y es que la parte creativa de nuestro cerebro no funciona a demanda, no es una máquina que podamos someter a rutinas tan fácilmente. Podemos ponerlo en modo repetitivo pero no en modo repetitivo y creativo, esto ya es mucho más complicado.

Haz cosas diferentes para generar ideas diferentes

Hay muchas formas de crear estímulos, empezando por el mobiliario o los colores para poner ejemplos muy simples. Pero ¿porqué no salir de las instalaciones propias e ir a otros lugares? Porque no sacar las referencias habituales de tu puesto de trabajo e ir a lugares totalmente ajenos? Es en estos lugares donde podremos crear con más facilidad y dónde estableceremos nuevas conexiones sorpresivas. Será en estas situaciones donde podremos hacer que compañeros que normalmente no tienen ninguna relación puedan interactuar y a saber qué saldrá, ¡quizás la última idea genial! Quizás una mejor y más fluida colaboración. Para una organización es estratégico hacer que su gente se inspire y tenga nuevas ideas a cada paso, ideas que pueden volver a la organización en forma de nueva oportunidad.

Haz la prueba, la próxima reunión de trabajo salid de la empresa. Vais a un lugar que no tenga nada que ver con vosotros. Incluso os puede ir bien hacer conexiones con la simbología del lugar al que vayáis. Por ejemplo, un entorno deportivo puede inspirar ideas conectadas con los valores del deporte. O un entorno histórico os puede generar conexiones relacionadas con la trascendencia o la calidad. Podéis buscar espacios que tengan un contenido cultural. O que simplemente estén amueblados a la antigua. Seguro que cerca vuestro hay algún espacio que os puede servir, ¿porqué no probarlo? ¿que es lo peor que puede pasar?

Romper la rutina para vivir lo extraordinario, ¡esta es la clave!

Foto de Aleksander Naug en Unsplash

¡No es la tecnología, estúpido!

¡No es la tecnología, estúpido!

Pues no, la tecnología no es la madre de tus problemas. Y disculpa por lo de estúpido. La intención era captar tu atención, no molestarte. La tecnología no es el camino más corto hacia la innovación. Ni hacia la productividad, ni hacia la creatividad.

Tenemos una tendencia preocupante a buscar la última herramienta, la nueva tecnología que ahora sí nos va a convertir en más productivos o más innovadores. El último juguete con el que perder el tiempo mientras dejamos de preocuparnos (y ocuparnos) de lo importante. Lo vemos constantemente en todo tipo de organizaciones, es como una plaga. Parece que si estamos a la última, si nos compramos el último dispositivo, nos descargamos la más descargada aplicación o si adquirimos no sé qué tecnología ya tenemos el problema solucionado. Nos da la impresión de que así nuestra conciencia innovadora puede descansar, estamos en la tranquilizadora última onda. Porque claro, ¿qué nos pasaría si, pobres de nosotros, decidiésemos no hacerlo? ¿Cuáles son las siete plagas a las que nos veríamos castigados?

El fast-food de las soluciones tecnológicas

Buscar soluciones rápidas y, dicho sea de paso, poco dolorosas es algo muy propio de nuestro tiempo. Un tiempo cargado de prisas, urgencias y desatención. Es cierto que a los trabajadores del conocimiento nos han caído una colección de herramientas y tecnologías increíbles en los últimos pongamos diez años. Hemos vivido muchos más cambios tecnológicos en nuestro ámbito más personal y profesional que en los veinte años anteriores. Y eso es mucho decir, la velocidad del cambio está siendo muy potente y acelerada. Así que da un poco de vértigo echar la mirada atrás y ver cómo trabajábamos y nos organizábamos hace tan solo cinco o diez años. ¿Alguien se acuerda de cuando las empresas hacían planes de marketing a tres años? Viendo todo lo que hemos visto, ¿alguien se atrevería a decir cómo nos comunicaremos con los clientes dentro de tres años? Yo no.

Sin embargo lo que está muy claro es que todos estos cambios son tan solo un anuncio de lo que está por llegar. Si algo hemos podido aprender últimamente es que nos va a tocar desaprender a un ritmo veloz. No nos queda otra que estar dispuestos a cambiar nuestros hábitos más arraigados para poder sobrevivir en un entorno de adaptación exigente, voraz. Yo a veces he puesto el ejemplo de los carpinteros. Tú entras en una carpintería y verás enseguida todo tipo de utensilios y herramientas que el carpintero por supuesto domina y conoce en profundidad. Pero a nosotros nos han dado un arsenal de tecnología bestial al que no sabemos sacarle todo el provecho que debiéramos. Nos falta cultura digital, seguramente conocimientos básicos de aplicación transversal para comprender cómo todos esos juguetitos pueden ser un apoyo en lugar de un obstáculo.

El nuevo entorno hacia la innovación

Y en el tránsito a menudo lo que hacemos es simplemente dar un salto de una herramienta a otra. Como si lo nuevo fuese mejor que lo viejo por el simple hecho de serlo. Así vamos viendo capas de tecnología que se superponen una sobre otra sin sentido ni visión de conjunto. Algo que se entremezcla con otros problemas, como la histórica falta de planificación, el mínimo sentido de organización del trabajo o la gestión de la agenda. ¿Básico? Sí. Pero mi experiencia me dice que muchos profesionales, demasiados, han conseguido prosperar en su carrera sin esas habilidades mínimas.

Y eso ha servido para llegar aquí, hasta que hemos llegado a un entorno en el que la información ya no es escasa, sino que es casi excesiva. A un entorno en el que las interacciones con otras personas aumentan porque aumenta el trabajo interdependiente. A un entorno más abierto que exige mayor autogestión y enfoque a resultados. Si en este entorno no estás cómodo, si sientes que no llegas a todo y que el día a día se te come es que estás recibiendo señales del futuro. Señales que te están indicando que debes cambiar rápidamente y adaptarte para poder sobrevivir. Para poder competir en un entorno complejo como el que nos ha tocado vivir no te queda otra que espabilar.

Así que no, lamento decírtelo, pero no es la tecnología tu mayor problema. Tu mayor problema es posible que tenga que ver con la validación de tu modelo de negocio, la revisión de tu propuesta de valor, la falta de innovación y creatividad o cómo se sienten las personas de tu equipo trabajando contigo. Pero todo eso no tiene nada que ver con ninguna herramienta o tecnología digital.

Quizá, sólo quizá, debas cambiar el foco y revisar en profundidad otras áreas de tu gestión. Porque sólo así serás capaz de ver que el talento es democrático, que las buenas ideas están por todas partes y que eres tú el que debes liderar tu cambio.